Crónicas del aeropuerto de Miami

Las siguientes crónicas (escogidas) pertenecen al libro en preparación Crónicas del aeropuerto, de próxima aparición en las librerías de Estados Unidos. Su autor, el escritor Denis Fortún, aún trabajaba en el Aeropuerto Internacional de Miami al momento de editarse este tercer número de Blogger Cubano.

La cara de Benicio del Toro

Triana es un casi sexagenario español que trabaja conmigo. Casado con una cubana desde hace más de treinta años, el “gallego”, nacido en Badajoz, a pesar de no haber ido nunca a Cuba está aplatanado y dice querernos. Un amor que a veces le reprocho.
Hace unos días, Triana y yo estábamos frente a la escalera por donde bajan los pasajeros desde Inmigración, y vimos al actor Benicio del Toro, quien acababa de representar el papel del Che Guevara en su última película, avanzar con cara de muchos amigos. Por supuesto, los hubo que fueron a felicitarlo, y él, en extremo considerado, contestó a todos de manera muy cortés. Triana y yo nos quedamos en el mismo sitio. Ninguno de los dos sintió esas incontrolables ganas de saludar al actor, y dejamos que se fuera. Sin embargo, el “gallego”, cuando Del Toro estaba casi en la puerta de Aduanas, salió corriendo tras él y noté como le dijo algo bajito, que puso serio al histrión. Inmediatamente regresó, y yo, desde luego, hube de preguntarle qué le había dicho al tipo que lo dejó tan circunspecto.
-Nada... Le comenté que, gracias a su último “personaje”, mi hijo no conoció a su abuelo materno.

La novia de David


--¡No me llores, mi niña! --luego agregué, como si mis palabras pudiesen servirle de consuelo-- Al menos no lo hagas frente a gente que te quiere…
Me miró con cara de “no estoy para que un tipo que no conozco venga a tratar de apaciguarme”. Sin embargo, al parecer notó en mí sinceros deseos de auxiliarla, y muy cortés, intentando sonreír, me pidió que le mostrara el carrusel donde podía recoger su equipaje.
-- ¿Fueron duros arriba? -le pregunté. De nuevo esa mirada del inicio.
-- Estos cabrones, cada vez que vengo me lo hacen difícil. Pero ahora se lucieron y casi me viran de nuevo para España. Las cosas que investigaron… para qué contar.
-- Es que las “cosas” se están poniendo difíciles para los cubanos últimamente --le comenté-- ¿Tú no vivías en Miami?
-- No. Yo hace mucho que resido allá.
-- No, te lo digo porque como te veo a cada rato por la televisión, en el programa de Carlos Otero, pensé que sí.
No me respondió. Se dispuso a montar en un carrito sus maletas. Yo no la dejé que lo hiciera. Finalmente, la acompañé a la puerta y allí ella me besó y agradeció mi gentileza.
Regresando al pódium de American, Yamel me preguntó: “Asere, ¿esa gordita no es la jeva que hizo Una novia para David”?
Yo asentí con la cabeza y seguí caminando, en lo que veía como mi “cofrade de aviones y bultos” le caía atrás a María Isabel Díaz, gritándome casi:
–¡Compadre! La vieja mía es fan de ella, desde Cuba... ¡Le voy a tirar una foto con el celular pa’ enseñársela a la Pura!

La salsa de la nostalgia

“Nada como la Vita Nouva”, aseguraba un tanto nostálgico un amigo, y es cierto. Para muchos de nosotros no existe sabor igual al de esa salsa criolla. Es por eso que una buena cantidad de cubanos que llegan por el aeropuerto de Miami, previo encargo, la traen como si se tratara de un tesoro. Los hay a los que, incluso, la familia los espera para después de llegar a la casa, por lo general en Hialeah, y en medio de una celebración de bienvenida que dura bien poco, cocinar unos espaguetis que desde luego irán acompañados de un “barbiquiú” con churrasco y chimichurri, y por supuesto, la fría Heineken.
Lamentablemente, no son todos los que consiguen pasar la salsa del otro lado de la Aduana. A la mayoría les quitan las laticas cuando, a través de la máquina de Rayos X, las descubren dentro de las maletas. Sin embargo, la Vita Nouva, aunque ocupa los primeros lugares de preferencia en la ilegal y sigilosa importación que a diario pretendemos, no es el único producto que nos acarreamos los cubanos. Se le suman el tabaco, los cigarros, el aguacate de manteca, algún que otro mango criollo, la mermelada de guayaba, el tamal con carne de puerco, el turrón de maní y el ron Havana Club; además de artesanías, libros y discos --piratas o auténticos-- con música y películas cubanas.
Lo curioso es que la preferencia no se limita únicamente a estos “rubros”. La colonia “Bebito” también se ha agenciado un sitio preponderante en la lista de productos provenientes de Cuba. Aunque, al igual que los artículos mencionados antes, corre casi siempre la misma suerte: el decomiso.
Pero vuelvo al inicio: nada como la Vita Nouva para representar esa peculiar nostalgia. Una suerte de melancolía delirante que a unos puede parecer enfermiza y a otros no, por lo que la disfrutan. Ambas aproximaciones merecen respeto.

Problemas para chiflar

Esta vez fue Renecito. Luego de Mariela, es el segundo conocido que veo llegar al aeropuerto de Miami. René era vecino mío. Un joven tranquilo, hijo de una ingeniera que trabaja en la Refinería, al que sólo le interesaba alquilar películas americanas y que era considerado por algunos lo que en Cuba se denomina “un elemento pre-delictivo”. Esto porque había dejado los estudios y, además, su padre vivía en Estados Unidos.
Por supuesto, tras varios minutos de conversación le pregunté por la gente del barrio. Su contesta fue tremenda, repleta de aspaviento:
“¡Muchacho, aquello está en candela! A Rolandito le tumbaron el negocio del Banco de Películas y se las decomisaron todas. Le quitaron los videos (reproductores) y tuvo que pagar tremenda multa. A Zenaida, la que vendía cigarros sueltos, se le tiraron y le cogieron seis cartones de huevos, diez libras de café en grano, camarones y langosta que se robaba el hijo del puerto pesquero pa’ venderla, y se la llevaron pa’ To’ el Mundo Canta; allá en Pueblo Grifo, cerca de casa de la jevita que fue mujer tuya, ¿te acuerdas? A César, el hijo del médico de la familia -a ese tú no lo conociste, vino al barrio meses después de tú haberte ido-, que ya tiene 19 años, lo agarraron con un batecito de efori encima mientras se fumaba otro en medio del Prado, por la madrugada, con su jevita, como si fuera un Partagás, y en tremendo arrebato. Dicen que opuso resistencia y le dieron sus respectivos pescozones.
“Y por último, el Dr. Rivero, el ortopédico prieto que tiene una hija que está muy buena, la mulatica, ¿te acuerdas de Yahíma? Bueno, el negro se dio tremenda fajá con el de Vigilancia, porque el tipo ofendió a Obama y dijo que los negros sólo dan problemas. La cosa empezó mientras jugábamos dominó en los garajes de enfrente al edificio. El doctor piensa que puede haber un cambio en cuanto a Cuba con el americano prieto, y nos disparó una muela espesa sobre el tipo. Y el otro, el chivatón, le gritó que los americanos todos eran unos hijos de puta, y que los negros peores, por sumisos. Imagínate, calambuco por medio, la sangre se pone caliente. La mesa comenzó a ponerse tensa, y de buenas a primera el doctor gritó “¡me tranqué!”. Creí se trataba del juego, y al ver mis fichas no entendí nada, porque yo llevaba por una cabeza. El tipo no pudo más con aquella muela jorobada y ahí mismo le metió tremendo bofetón por el tronco de la oreja al vigilante. La que se armó fue del carajo y vino hasta la policía, y claro que se llevaron a Riverón preso y no lo soltaron hasta el otro día. Andan diciendo que es un contrarrevolucionario por defender a los americanos, y que además es un negro racista.
“¡Ah!, y la mujer de Robertico, la que es psiquiatra… chico, la morena gorda ella, muy buena gente, ¿te acuerdas? Ayer le robaron las cuatro gomas del carro y la negra estaba que cortaba. Por supuesto, yo no salí ni al balcón. Tú sabes cómo ha de estar uno antes de la pira: congelado, que te joden en una cuarta de tierra. Es lo que te digo, aquello está en candela y no se puede ni chiflar. Ahora, eso sí, la gente no es igual que antes, que se la dejaban pasar con vaselina. No, para nada. Por eso hay que pirarse, brother. Gracias a Dios ya pise la Yuma. ¡Asere, tú estás igualito!”.

Denis Fortún: http://denisfortun.blogspot.com/

1 comentario:

Rocio dijo...

Me habría encantado ir a miami pero solo pude llegar del estado de Florida a la ciudad de Orlando. Me han dicho que Miami tiene hermosas playas para recorrer y por eso tenía ganas de ir. Ojala que próximamente vaya a esa ciudad de la que me hablan muy bien, además del clima de la gente y de los malls