José Ángel Vincench, una mirada a la disidencia

Graduado en el Instituto Superior de Arte de La Habana en 1997, José Ángel Vincench (Holguín, 1973) es uno de los plásticos más interesantes de su promoción. Su relación con la realidad insular, siempre crítica y audaz, la originalidad de sus propuestas y el protagonismo que entrega a los sujetos del cambio ―disidentes y opositores― lo convierten en uno de los artistas más sorprendentes de la actualidad en Cuba.
 
En 1998, Vincench obtuvo mención en el V Salón de Dibujo de Santo Domingo (República Dominicana), y en 1995 el Segundo Premio en el I Salón de Arte Contemporáneo Cubano (Museo de Bellas Artes, La Habana). Ha realizado más de veinte exposiciones personales, entre las que se destacan “La luz y la oscuridad” (Havana Gallery, Zurich, Suiza, 2011), “Behind the Abstract” (Axis Contemporary Art, Calgary, Canadá, 2007), “Realidades mágicas” (Havana Gallery, Zurich, Suiza, 2006), “Acerca de lo privado y lo público” (Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. La Habana, 1997) y “Vincench Vs Vincench: A Disident Dialog from Cuba” (Galería Virginia Millar, Miami, 2011). De esta última dice el crítico Gerardo Muñoz en su blog:

“En todos los cuadros de la muestra Vincench vs. Vincench: A Disident Dialog from Cuba, la tipografía del disenso consigue matizar una compleja relación entre superficie y color, logrando una forma interesante de traslucidez y texturas múltiples. Rompiendo contra los cánones de un grafismo unidimensional o totalizante, como sin duda pueden ser algunos de los legados del diseño grafico cubano setentista, Vincench consigue la linguistificación del disenso a través de una repetición que se somete a las interrogantes generadas por la cultura y las lenguas, sin temor al menosprecio o la paradoja”.

La obra de Vincench vista por el poeta y bloguero Luis Felipe Rojas:

Llegué a su casa buscando las claves de su labor como artista plástico pero vi a un artista en el fondo de un caldero. Fui con el ánimo de desenmarañar lo que me latía en el cerebro desde la última vez que disfruté obras suyas expuestas en una céntrica galería habanera. Pero de a poco nos fuimos enredando en la conversación y no le hice las preguntas que llevaba en la agenda. ¡Ni falta que me hizo!

José Ángel Vincench apela a la representatividad de la imagen para crear un universo que se llena de señales, signos que se cruzan entre las prácticas del palomonte, la vida cotidiana y la sistematicidad de laboratorio que le pone a cada detalle.

Las piezas hechas con pintura, sangre y excremento que Vincench nos devuelve traspasan las innecesarias calificaciones. Aún en su reclusión cotidiana Vincench está empeñado en ser testigo y no lector de poltrona, café y confort. Entre la ambivalencia con que el poder (los poderes) entroniza a sus héroes y la supuesta legitimación que los medios otorgan a sus sujetos, Vincench se ocupa de las periferias de esos eventos.

Personajes de la vida cubana, habanera, de ahora mismo, conocidos actores de la sociedad civil que de otro modo no hubieran entrado a las galerías oficiales y la excelente connotación simbólica que él mismo le otorga a cada material empleado volviéndolo sujeto activo, su obra crece hacia las grietas que van quedando de una vida cultural cubana, una hornada de artistas empeñados en la salida al mercado y la vista puesta directamente en esa rebanadora de cabezas que es la autocensura.

Vincench está ahí y ha tomado distancia para decirnos algo que definitivamente tendremos que oír.

http://cruzarlasalambradas.wordpress.com/

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